medicamentos, los cuales no curan la enfermedad pero si ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente.
Es importante recordar que el tratamiento debe estar controlado por un médico psiquiatra ya que la falta de seguimiento puede ocasionar efectos muy dañinos para el paciente.
Síntomas más frecuentes
Sintomatología aguda o positiva:
Trastornos en el pensamiento: Ideas que no corresponden a la realidad, por ejemplo, ideas que los están embrujando o envenenando. A veces la persona piensa que tiene poderes sobrenaturales.
Trastornos perceptivos: alucinaciones que consisten en oír voces, sentir o ver cosas que no existen en la realidad.
¿Qué hacer?
El segundo paso es la educación tanto para la familia como para el paciente, ya que la compresión de la enfermedad y sus síntomas ayudan a los miembros de la familia a adquirir una sensación de dominio sobre el proceso, a veces caótico y aparentemente, ingobernable.
Esta educación, también la brinda la E.S.E. Carisma a través de charlas con personal especializado y grupos de apoyo para el paciente y su familia.
Sintomatología crónica o negativa
Trastornos del lenguaje: el cual se torna desorganizado, con poca fluidez verbal.
Deterioro de las habilidades sociales: Dificultad para establecer y mantener relaciones interpersonales, hay cambios en su comportamiento, se vuelven más aislados y pueden descuidar su aseo personal.
Aplanamiento afectivo: Le da igual todo. El afecto es inapropiado para lo que expresa, por ejemplo, puede reírse ante un acontecimiento doloroso.
Recomendaciones para la familia
Revisar las expectativas que se tienen sobre el paciente.
Definir con él metas a corto, mediano y largo plazo con respecto a su funcionamiento en el hogar y por fuera.
Revisar las situaciones familiares que puedan estar generando tensión y conflicto, para modificarlas y evitarle nuevas crisis.
Claridad en cada uno de los miembros de la familia (paciente incluido) sobre las tareas y funciones que cada uno debe cumplir.
No sobreproteger al paciente, pero tampoco adoptar actitudes de crítica constante o descalificación.
Propiciar una comunicación con mensajes simples y claros, dándole participación al paciente y respetando sus opiniones.
No convertir al paciente en el centro de la vida familiar.
Aprender a reconocer los síntomas de la enfermedad y acudir oportunamente a la institución en caso de nuevas crisis.
Supervisar el consumo de la medicación.
Es importante la actitud de compromiso constante y el aporte de afecto y respeto de todos los miembros de la familia.
COMITÉ DEPARTAMENTAL DE PREVENCIÓN EN DROGAS
E.S.E. CARISMA
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