La gestación es una etapa importante en la vida de una mujer que en lo posible debe ser placentera. Pero también es una época de muchos cambios; no sólo se transforma su cuerpo sino también su mente, y además se vuelve más sensible.
Es frecuente que durante la gestación el estado de ánimo se altere sin razones aparentes y aunque el embarazo no es una enfermedad, trae como consecuencias transformaciones que exigen cuidados especiales para garantizar el bienestar de la mujer.
En estos nueve meses la mujer se hace ilusiones en torno a su bebé: cómo será, a quién se parecerá, será niño o niña, puede sentir temor de que algo esté mal, sobre todo si es el primer bebé. Incluso en los embarazos más tranquilos se presentan días de depresión, ansiedad y confusión.
Además de angustiarse por aspectos como la salud del bebé, la madre se preocupa más de lo normal por la relación con la pareja, la situación económica y laboral, lo cual se agudiza con los problemas de salud que se presentan, como acidez, fatiga y la necesidad de orinar con frecuencia.
Se debe aceptar que los cambios de ánimo son normales durante este período, no es de asombrarse que la gestante sienta altibajos emocionales repentinos, de un minuto al siguiente.
Las futuras mamás tienen sentimientos confusos y contradictorios, se ven a sí mismas actuando en forma diferente e inusual: lloran por motivos insignificantes o les da por limpiar hasta el último rincón de la casa; esto ocurre a causa de los altibajos hormonales que alteran su comportamiento y extreman las actitudes y reacciones ante diferentes situaciones diarias. En el transcurso de la gestación la mamá llora más de lo normal porque la progesterona y los estrógenos son responsables de esta situación, pero también está influenciada esta situación por los cambios notorios que sufre su cuerpo.
Si la futura madre se siente con baja energía debe hacer algo para sentirte bien, como tomar una siesta, caminar o realizar una actividad con su compañero o familia; otra de las mejores terapias es hablar sobre sus preocupaciones y emociones con amigos cercanos y familiares.
Por otro lado, no hay estudios que confirmen que los cambios anímicos de la mamá durante el embarazo perjudiquen o alteren el desarrollo del feto, pero señalan que éste no permanece ajeno a las vivencias emocionales de la madre. Todos estos cambios emocionales son más fáciles de sobrellevar si el ambiente con la pareja, los amigos y la familia es agradable. Se debe gozar de la maternidad y de lo que implica.
Los cambios de estado de ánimo son más pronunciados en las primeras 12 semanas de embarazo y luego disminuyen en forma gradual a medida que el cuerpo se adapta a los cambios hormonales.
En el primer trimestre predominan la sorpresa y la emoción. En forma simultánea los malestares pueden interferir en el estado de ánimo. En estos primeros meses suelen aparecer temores con respecto al buen desarrollo de la gestación y por eso algunas mujeres embarazadas deciden incluso no comunicar el deseo sexual a sus compañeros, y muestran desinterés por temas diferentes al del embarazo.
Durante el segundo trimestre recupera el buen estado físico, crece la ansiedad por sentir al bebé, se afianza la relación con la parte médica y existen más energías, lo que puede aumentar el deseo sexual. Emocionalmente la mamá se conecta en forma más directa con el bebé y empieza a planearlo todo; la decoración de su habitación, cada pequeño detalle y la ropa. Generalmente, las molestias físicas ya desaparecieron y el estado de ánimo es más estable.
En el último trimestre la mujer piensa más en el parto y con ello arriban ciertos temores y ansiedades, sobre todo si es el primer hijo. Hacia el final del séptimo u octavo mes será más difícil concentrarte en las tareas, dormir y desplazarse; Cerca de la fecha de parto, la futura mamá experimenta una gran ansiedad y deseos de que el tiempo pase rápido para tener a su hijo en sus brazos, sin embargo, trata de mantener la calma pese a todo esto. Es importante que la preparación para el parto de la mujer gestante incluya aspectos biológicos, psicológicos, laborales, económicos, sociales y familiares, para un buen desarrollo de éste y una feliz culminación de su período gestacional.
Las primeras semanas después del nacimiento del bebé, la mamá se puede sorprender de la intensidad de sus sentimientos. A veces se sentirá triste y a punto de llorar sin saber por qué; algunos de estos sentimientos son producidos nuevamente por los cambios físicos que experimenta el cuerpo al volver a su estado normal, son sentimientos ambivalentes de sentirse orgullosa y alegre o, en ocasiones, cansada y desanimada.
La lactancia materna, permite al bebé y a su mamá gozar de una cercanía especial que facilita estrechar el vínculo emocional entre los dos, el cual se constituye en la primera relación afectiva del bebé. Por eso es muy importante procurar hacerlo en un sitio tranquilo, en donde ambos estén cómodos, sin perturbaciones ni distracciones que impidan la alimentación y el diálogo afectivo entre la madre y el bebé. De esta manera se evita que la leche se tarde en salir o que sea insuficiente para satisfacer al bebé.
La madre al amamantar es mucho más sensible a las necesidades de su bebé. La lactancia facilita la crianza porque la mamá comprende y satisface mejor las necesidades de su hijo.
La lactancia es uno de los procesos más importantes en la vida del bebé y de su madre; para el bebé es reconocida la cantidad de beneficios a nivel físico y mental el suministro de la leche materna; y para la madre estos son algunos de los beneficios a nivel mental y físico:
Amamantar es una sensación placentera que aumenta la capacidad lúdica de la mujer, favoreciendo el conocimiento y manejo de su corporalidad.
Ayuda a la mujer a adquirir seguridad y confianza en su rol de madre y aumenta la autoestima; facilita el vínculo afectivo madre-hijo, este contacto proporciona una sensación de bienestar y placer.
Al amamantar se segrega una hormona que funciona como tranquilizante natural, haciendo sentir a la madre un sentimiento de calma y bienestar cuando amamanta. Proporciona una sensación de plenitud y realización como madre.
Ayuda a bajar de peso más fácilmente y a recuperar la figura que tenían antes del embarazo.
Previene la hemorragia intrauterina posparto favoreciendo la reacomodación del útero. Disminuye la incidencia de cáncer mamario, ovárico y uterino antes de la menopausia; evita cambios hormonales bruscos en la mujer, que podrían tener algún papel en el origen de la depresión posparto.
Dicha depresión posparto se da cuando la nueva mamá regresa a casa y la vida empieza a girar en torno al bebé, la madre empieza a sentirse desplazada y afectada en la autoestima; en estos momentos es importante el apoyo de su familia, tratar de distraerse, escuchar música, leer o realizar la actividad que más le guste y que pueda realizar, esto le ayudará a sentirse mucho mejor.
Bibliografía :
Tu hijo y tú, año 5 número 55. Editora cinco
Preparación para la maternidad y la paternidad, Saludcoop E.P.S.
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