La relación con los hijos ha sido y será un tema difícil de abordar, ya que es allí donde los padres manifiestan toda su angustia y un grito de desesperación, debido a que están frente a una situación en donde es más importante el tener que el ser, un mundo en donde los valores y la ética personal están desapareciendo para imponer sobre los otros los intereses personales y una búsqueda desenfrenada de dinero y poder. Esta lectura pretende ofrecer un aporte al manejo de la relación de los padres con sus hijos.
Como aspectos importantes, se deben destacar el afecto, el respeto por el otro y la aceptación incondicional del comportamiento de los hijos. Esto significa aceptarlos tal y como son, con sus dificultades, cualidades y defectos. Es fácil cuando el menor cumple con las expectativas de los padres, presenta un temperamento que coincide con el de ellos, y los niños son cariñosos, tiernos y complacientes; sin embargo, es justamente en la diferencia y las dificultades en donde se ponen a prueba las habilidades como papá o mamá, en donde se requiere de un gran esfuerzo y una alta dosis de paciencia.
Es en la relación o interacción con el otro en donde nos descubrimos, lo que Karl Popper describe como el “fenómeno de mirarse al espejo”, es allí donde nos ubicamos en una dimensión ética. Humberto Eco dice: “la ética comienza cuando los demás entran a escena”, es entonces cuando los valores y el amor hacia el hijo se convierten en un punto de apoyo y referencia para construir convivencia y establecer adecuadas relaciones familiares. Por lo tanto la crianza humanizada parte del afecto y el respeto, en donde los padres están obligados a ser coherentes y congruentes con su sentir, pensar y actuar. Un buen padre es un modelo de referencia significativo y con credibilidad frente a su hijo.
En la relación con los hijos es importante tener en cuenta que no es necesario someterlos, subyugarlos ni pretender que piensen o actúen como nosotros, se debe recordar que son personas diferentes, que se deben respetar sus ideas así no se esté de acuerdo con ellas. Los padres son responsables en la interacción con sus hijos de reforzar o debilitar determinados comportamientos inadecuados.
Por esta razón, se plantea la importancia de la aceptación incondicional de los hijos, un niño que se siente criticado y rechazado tendrá menos posibilidades de modificar su comportamiento inadecuado que un niño que se siente aceptado y respetado aún en la diferencia. Esto explica por qué el niño se va identificando con estos rasgos negativos y no le queda más remedio que acentuarlos, formando así su autoconcepto negativo. Es como si el niño llegara a pensar que esos rasgos son él. Obviamente el cambio se dificulta en forma notable, ya que un cambio para el niño seria como quedarse sin lo que es él. La no aceptación necesariamente dará como resultado una interacción con ellos que les hará sentir el rechazo que sentimos y tenemos y este rechazo reforzara las tendencias difíciles de su personalidad.
En conclusión, el comportamiento o la actitud de los padres es el que en última instancia jugará un papel fundamental en el incremento o decremento de las tendencias desagradables de los hijos. Si la actitud es de aceptación incondicional, el niño estará en posibilidad de modificar sus tendencias desagradables, ya que estas no van a estar aferradas a su autoconcepto.
Otros elementos importantes para tener en cuenta en la relación con los hijos, es crear un ambiente donde se favorezca la comunicación asertiva, la expresión de emociones y sentimientos, enseñarles a escuchar y respetar la palabra del otro. Es importante que estos principios de convivencia formen parte de la cotidianidad en la dinámica familiar y se practiquen por parte de cada uno de sus integrantes. Dedíqueles tiempo y esté disponible cuando lo necesiten, promueva la autonomía, el autorrespeto, la dignidad personal. Dígales cosas como, por ejemplo, tú eres capaz, estoy orgullosa de ti, tú puedes hacer bien las cosas.
Muéstrele a sus hijos que se puede aprender de los errores, que no vea las equivocaciones como algo horrible. Valore y reconozca sus ideas, esto le permitirá desarrollar autoconfianza. Aprenda a sonreír con ellos, establezca límites y normas claras sin caer en el control excesivo de la normatividad en donde les enseñe a asumir consecuencias de sus decisiones. Señale los comportamientos inadecuados de los hijos y evite rotularlos y marcarlos, recuerde que los niños construyen el concepto de sí mismo en la interacción que establecemos con ellos. No les retire el afecto y finalmente sea paciente y tolerante. Recuerde que amar con responsabilidad es tener el valor y tomar la decisión de educar, es poner el afecto al servicio del hijo o la hija, es una mezcla entre ejercer la autoridad con amor sin caer en el autoritarismo, es un no oportuno mezclado con una alta dosis de afecto, es aplicar un castigo cuando se necesita y dar un beso ineluctable y oportuno. |