INTRODUCCIÓN
El objetivo de este artículo es compartir con los lectores
la experiencia que he tenido como médica en la atención
de personas con problemas asociados al consumo de alcohol, tabaco
y otras drogas. Debido a que el tema de los efectos tóxicos
de las sustancias psicoactivas amerita una revisión bibliográfica
amplia, al final de este artículo se enumeran algunas lecturas
recomendadas para aquellas personas que estén interesadas
en profundizar en temas específicos.
Desarrollar
el tema de la evaluación clínica del paciente consumidor
de sustancias psicoactivas requiere algunas reflexiones previas:
de un lado es importante reflexionar sobre nuestra concepción
del individuo consumidor de sustancias psicoactivas como un sujeto
enfermo y por otro lado, y a partir de lo anterior, cuestionarnos
entonces acerca de cuál es el papel del médico en
el tratamiento de dichos pacientes.
Según
la Organización Mundial de la Salud, la salud se define como
“el completo estado de bienestar físico, mental y social
y no solo la ausencia de enfermedad”; partiendo de esta definición
se llega fácilmente a la concepción del uso, abuso
y dependencia de sustancias psicoactivas como una enfermedad bio-psico-social,
de etiología múltiple y cuya aparición va a
depender del desequilibrio entre las áreas biológica,
psicológica y social y cuyas consecuencias van a evidenciarse
por la presencia de síntomas físicos, mentales y sociales
en los individuos consumidores de estas sustancias.
Sin embargo, esta argumentación no es suficiente para el
abordaje del problema, puesto que si bien ella es aceptada por algunos
de los que desde el área de la salud y otras áreas
afines atendemos este tipo de pacientes, es necesario tener presente
que la mayoría de estos individuos no se consideran a ellos
mismos como sujetos enfermos y que a nivel social el problema ha
sido abordado más como un problema moral, legal y económico
que como un problema de salud. Para ninguno de nosotros es ajena
la utilización de términos despectivos para referirse
a estos pacientes, ni tampoco nos es ajeno el hecho de que para
muchas personas existe un vínculo constante entre el consumo
de sustancias psicoactivas y la delincuencia; por último
las implicaciones económicas de este problema tienen que
ver no sólo con el tráfico y distribución de
estas sustancias sino también con el hecho de que las alteraciones
físicas, mentales y sociales de estos individuos muchas veces
se reflejan en problemas laborales, siendo constantes el subempleo
y el desempleo, afectándose entonces la capacidad de producción
del individuo. Lo anterior ha hecho que el consumidor de sustancias
psicoactivas haya sido considerado por la sociedad como “un
vicioso, un delincuente y un vago” y que por lo tanto se le
haya negado uno de los derechos fundamentales del hombre como es
el derecho a la salud.
Los médicos no hemos escapado de la influencia de estas concepciones
erradas de la sociedad en el enfoque de estos pacientes. Es muy
significativo, por ejemplo, el hecho de que a este tema se le dé
una importancia mínima o nula en los programas académicos
de formación médica. Por otro lado, muchos médicos
han olvidado que al evaluar un paciente, nuestra función
no es emitir juicios valorativos y por esto muchas veces ejercen
la profesión más como sacerdotes y policías
que como profesionales de la salud. Si a esto agregamos el trato
frío e impersonal que muchos médicos dan a sus pacientes,
nos es fácil entender porque para los consumidores de sustancias
psicoactivas no es agradable asistir a la consulta médica.
A lo anterior hay que agregar el alto costo de los servicios de
salud. |