La dependencia a las drogas y al licor se constituye en una problemática
compleja por las implicaciones que a nivel individual, social y
familiar genera.
Cuando la adicción se presenta en uno o en ambos miembros
de la pareja, esto incide en las interacciones de la misma, las
cuales dejan de ser constructivas afectando las relaciones afectivas,
la comunicación, el manejo de los conflictos y el desempeño
de roles.
Algunas interacciones que suelen presentarse en las parejas donde
uno o ambos son adictos y/o alcohólicos se observan en la
comunicación, la cual se presenta cargada de culpa, descalificación
y acusaciones mutuas. La pareja gira entorno al problema de la adicción,
no se aborda ningún otro tema, todo lo que sucede se le atribuye
a ésta situación.
En el cónyuge que no consume se pueden presentar distintas
reacciones:
- Expresiones de enojo mal encaminadas con mensajes poco claros
e hirientes, tendientes a movilizar sentimientos de culpa y vergüenza
mediante acusaciones, reproches, insultos y amenazas de abandono
que nunca se vuelve real. Estas actitudes refuerzan el síntoma
en la medida en que el adicto se escuda en este “maltrato”
para seguir consumiendo.
- Actitudes demandantes y exigentes, acompañadas al tiempo
de descalificación generando una pauta secuencial donde se
hacen demandas con expectativas muy altas pero al tiempo se dan
mensajes de que el otro no es capaz de responder a las mismas generándole
sentimientos de impotencia que justifican el consumo.
- Conductas ambivalentes, al tiempo que se condena el uso de drogas
y/o licor, se envidia inconscientemente las gratificaciones hedónicas
y de libertad, atribuidas a las drogas. Es así como la pareja
responsabiliza al adicto de todos los problemas que existen por
su causa, pero patrocina y apoya la ingestión de licor en
la familia, argumentando motivos sociales.
- Actitudes de pasividad vs. victimización, en este tipo
de interacción el adicto generalmente es violento, amenaza
y descalifica a su pareja culpabilizándola de sus problemas,
quién se siente merecedor (a) de lo que le pasa, puede presentarse
agresión física. El grado de dificultades en ambos,
les dificulta pedir ayuda y/o buscar alternativas, situación
que puede cambiar cuando los hijos crecen o alguien de la familia
extensa interviene.
- Actitudes de tolerancia y permisividad, las cuales están
sustentadas muchas
veces en sentimientos de compasión. Aunque el cónyuge
se sienta muy lastimado (a) por los repetidos episodios de consumo
de su pareja, trata de mantener la estabilidad de la relación
a pesar de los múltiples problemas causados por la droga.
Es así como se sacrifica, se acomoda, asume y arregla los
daños causados por el adicto a quien provee de todo lo que
necesita, consigue lo que haga falta para el sostenimiento aunque
sea responsabilidad del otro, en busca de una calma aparente trata
de minimizar el problema pero el resultado es que éste se
cronifica y agudiza.
Esta tendencia a evadir el problema por temor a enfrentarlo, va
alimentando sentimientos de ira, hostilidad y resentimiento.
El consumo de drogas y/o licor en la pareja agudiza los conflictos
y dificulta el manejo de los mismos por la inestabilidad emocional
asociada a las característica de personalidad del adicto
como:
Ambivalencia, manejo inadecuado de la agresividad, baja tolerancia
a la frustración, dependencia afectiva y muchas veces económica,
lo que puede alterar la complementariedad en la pareja, organizándose
jerárquicamente de manera asimétrica donde el adicto
se coloca en lugar de hijo (a) y su cónyuge como padre o
madre, lo que dificulta el establecimiento de acuerdos y el mutuo
apoyo.
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